Tiene un aire a los primeros restaurantes que abrieron en la Condesa. Aire de descuido, improvisación, suciedad y cinismo, que opaca la deliciosa propuesta de sabores.
Para cenar está buenísimo, incluso, puede ser un buen lugar para romancear. Tiene muchos rasgos de originalidad como la decoración, que tiene de todo, rayando en mercado de pulgas, pero nada japonés u oriental.
Los platillos son satisfactorios casi en su totalidad. Las combinaciones con leche de coco y fideos son espectaculares. El servicio es amable, pero se limitan a llevar las cosas de la cocina a la mesa.
Las críticas lo condenan como un lugar predominantemente sucio. Si bien es cierto que tienen un bote de basura enorme a la vista de todos, a veces no limpian las mesas y el arreglo del personal tiene detallitos; es un sitio relajado y muy rico. Sin ningún cliché asiático. Pude constatar una limpieza general que tuvieron hace no mucho, en la que lavaron absolutamente todo. Así que si te enfermas es sólo por la combinación de ingredientes.
El guiño: De día, siéntate en las mesas de afuera. De noche, pide una bebida y disfruta de la comida.
Álvaro Obregón 40, Roma. 5264.0016
Menos de 100$: Los paquetes que tienen de lunes a viernes hasta las 17hrs; además de una bebida y propina, suman cien pesos.
Pipirisneo relajado
Luzenco